Notas

EL DURO CAMINO DEL ICAAP

Vamos a suponer que ya hemos seleccionado la estrategia global que emplearemos para implementar un ejercicio ICAAP. Que también tenemos claros los objetivos de métricas a ser logradas; y que también hemos identificado los componentes de los algoritmos que determinan las pérdidas no esperadas (UL) para su proyección y tensión. Completado lo anterior, nos queda uno de los huesos más duros de roer: definir los supuestos razonables de tensión y proyección de variables, un aspecto realmente clave del proceso.

  • Lo primero que requeriríamos para resolver el tema de los escenarios, es decidir si nos vamos por el lado de definirlos mediante modelos matemáticos, o por juicio experto. Los más audaces comenzaríamos, tal vez, utilizando regresiones múltiples para asociar una variable “Y”, dependiente, la que queremos explicar, proyectar y tensionar (por ejemplo, la probabilidad de incumplimiento de un segmento de la cartera de crédito), relacionándola con variables macro independientes (“X”), dígase el IMAE y/o el IPC. Este ejercicio nos ayudaría a calcular las UL por exposición al riesgo de crédito, y determinar las necesidades de capital para darle cobertura adecuada. Para lograrlo tomaríamos series históricas del último ciclo económico, e inferiríamos estadísticamente, el valor futuro y tensionado de la PD. Hasta ahí, todo bien. Los problemas, como muchos habrán advertido, comienzan cuando el R2 ajustado no es el que esperábamos; y siempre es el que no esperábamos. Y tampoco salen bien los p-values; y menos aún, las pruebas de autocorrelación. Y adiós con la estimación y pronóstico fácil mediante el uso de modelos estocásticos. Y chau puro Excel; se necesitarán algunas destrezas econométricas para seguir avanzando y establecer escenarios futuros de una manera aceptablemente técnica.
  • Para avanzar sobre la situación necesitaremos transformar las series, hacer rezagos, analizar heterocedasticidades (autocorrelación de residuos), agregar o quitar series que no contribuyen a resultados estadísticamente significativos. Y todo para disponer de escenarios de tensión-proyección razonables, definidos por modelos internos; todo por un R2 ajustado mayor a 70%, o p-values menores a 0,05. Es en este momento donde el gestor deberá decidir sobre seguir en la huella estocástica, o salirse e ir por el lado de los “dígitos oscilantes”. Para tranquilidad de los gestores ICAAP, este último camino es, posiblemente, uno de los más frecuentes en la práctica real, la que exigiría utilizar métodos híbridos para definir escenarios, cuyas técnicas de selección o de estándares utilizados, son difícilmente traceables en Goggle o IA. Habrá que admitir que la alternativa del juicio experto no siempre es la preferida de controladores de mercado, o auditores externos. Incluso, los comités de riesgo de algunas entidades líderes no la aceptarían. Y quizá tengan razón, ya que la buena práctica exige, en la actualidad, incorporar un poco más de cariño a cálculos, como el de necesidades de capital a futuro que propone el ICAAP, que pueden sub o sobrestimar los recursos que hacen posible -nada más y nada menos- la sostenibilidad de las instituciones en el tiempo.